¿Y si fueses una estrella
hecha de luz palpitante…,
-tan bella como radiante…,
tan radiante como bella…-,
que al llegar aquí se pone
por un tiempo un saco de esos
de piel, de carne y de huesos,
sobre su red de fotones…?

¿Y si el lastre en tu equipaje,
-el dolor, el miedo, el drama-,
fuesen tan sólo hologramas
para hacer más vivo el viaje…,
pero al haberlo olvidado,
en tu amnesia, vas cautivo
de un ensueño colectivo,
cual ángel desmemoriado…?

¿Y si eres realmente eterno,
inmortal, indestructible,
-viajero de lo invisible
entre universos alternos-…,
y en tu constante expansión
vas explorando, risueño,
el primoroso diseño
de la Divina Creación…?

¿Y si tu naturaleza
fuese tan sólo brillar,
y por el mundo pasar
desplegando tu belleza…,
mientras la estela exquisita
de tu preciosa energía,
irradia la algarabía
de quien nada necesita?

¿Y si a quienes vas rozando
se empiezan a iluminar,
y su memoria estelar
de a poco va despertando…?
¿Y si dejas una huella
de luz en cada ocasión…?
¿Y si abres tu corazón…?
¿Y si te asumes estrella…?