¡Un recuerdo divino
la perseguía…!,
marcándole el camino
de una utopía…

Y a pesar que reunía
en su figura,
gracia, luz, armonía,
belleza pura…,

…irradiaba su aspecto,
frío y distante,
un reflejo de hielo…
y de diamante…

A veces su mirada
-por lo inasible-,
parecía una embajada
de lo Invisible…

Y cuando contemplaba
a las estrellas…,
“algo” le susurraba
que era una de ellas…

Y sentía consternada
-en lo profundo-,
que estaba destinada
para otro mundo…

Sólo hallaba un pasaje
hacia la calma…,
cuando se iba de viaje
dentro del alma…

Y allí sus ojos tristes
volaban lejos…
a esos mundos que existen
tras los espejos…

Y estiraba sus manos
inútilmente,
hacia esos otros planos
tras de su mente…,

donde ya no hay más brumas
ni dolores…;
¡allí donde perfuman
todas las flores…!

Era su gran herida
ver a la gente,
pasando por la vida
prosaicamente…,

sin buscar lo sagrado…,
lo puro y bello…,
¡lo que al alma la eleva
con su destello…!

Y aquella mezcla aciaga
de rebeldía,
y de impotencia vaga,
la consumía…

Y un Ángel de locura
y de tristeza…,
prendía luces oscuras
en su cabeza…

Y ya no quiso un día
seguir despierta…,
y una mañana fría
la hallaron muerta…

Dicen que se había muerto
de una neuralgia…,
pero eso no era cierto:
fue de nostalgia…

Aquella remembranza
que en vida tuvo…,
fue a la vez su esperanza…
¡…y su verdugo…!

Y ella…-lejana y bella
como una diosa…,
leve como un suspiro
de mariposa-…,

soportar ya no pudo
tanta añoranza,
de un mundo bello y puro
que no se alcanza…

…Y se fue esa mañana
lluviosa y fría…
¡Un recuerdo divino
la perseguía…!