Si acaso soplasen vientos de locura,
-de angustias…de llantos…y de padecer…-,
¡ten presente, hermano, que tu luz es pura,
y ninguna sombra la puede vencer…!

Estés donde estés, compañero mío,
pase lo que pase a tu alrededor,
-y cuando más todo parezca sombrío…-
¡será tu destino vibrar en amor!

Y tu alta energía, -sin dudas ni miedos-,
creará una burbuja de profunda paz…,
y en medio del caos…, tú…, -apacible y quedo-,
¡serás como un faro para los demás…!

Y aunque desconozcas lo que traiga el día,
estarás tan lleno…¡tan lleno de amor!,
que irás irradiando esa epifanía
de aquél que ha logrado vencerlo al temor…

Tu intuición entonces, funcionando a pleno,
hallará salidas que otros no verán…,
y tu verbo claro, confiado y sereno,
¡dirá las palabras que los calmarán…!

¡Recuérdalo, hermano!…, si es que el aire quema…,
si es que el viento ruge…y el miedo se esparce…,
¡deberás entonces volverte un emblema,
en el que los otros puedan apoyarse…!

¡Eres tú, mi amigo, quien vibra elevado!,
¡eres tú quien lleva la luz en su palma…,
y el que podrá darles, -a los angustiados-,
el dulce consuelo que nace del alma…!

Porque tu conciencia, expandida y alta,
junto a tu energía, que calma y que cura,
serán los pertrechos que más harán falta…
¡si acaso soplasen vientos de locura…!