¡Nunca olvides, querido camarada,
que tu porción de ti más amorosa,
y más sabia, más dulce y elevada,
quiere que no haya espinas en tus rosas!,
porque te ama de un modo indescriptible,
y ansía fusionarse totalmente,
para tu bien, en el mundo visible,
y sobre todo…, ¡espiritualmente!

Y es tanta su indecible algarabía
cuando Su Vibración se vuelve tuya,
que lo mismo de noche que de día,
¡el Universo mismo es quien te arrulla!

Y pasas a ver todo en forma pura,
tan pura y natural como inocente,
¡y es cada vez más grande la apertura
que sientes por el mundo y por la gente!

¿“Y cómo lo consigo”, me preguntas?:
¡pues sustentando pensamientos puros!:
el “no juzgar a nadie”, en ti trasunta,
que ya has dejado atrás todos los muros.

Y comprendes por fin que este Planeta
es una Escuela en la que nos formamos,
y que avanzamos en forma más completa
cuando al prójimo… ¡ya no lo enjuiciamos!

Porque el cariño al otro, ¡a ti te eleva!:
es ese el más grandioso educador,
¿o acaso no es aquí la mayor prueba
aprender a irradiar tan sólo Amor?

¡Y no te hablo por lo que dicen otros!:
yo lo disfruto a diario, día tras día,
y en vez de seriedad veo en los rostros
el modo en que se esconde la alegría.

Y porque sé que el mundo está en mi mente,
ya no hay defensa en mí, ni contraataque:
¡hace ya mucho tiempo, felizmente,
que no hay más “martes 13” en mi almanaque!

“¿Y cuál es el camino”, te cuestionas?,
¡elevar la frecuencia vibratoria!:
y cuando al mal que te hacen lo perdonas,
tu Alma y tú, ¡celebran la victoria!

Si logras activarlo a tu Merkaba,
(tu magnífico Vehículo de Luz),
se hace añicos lo oscuro que portabas,
y se disuelve cualquier antigua cruz.

Lentamente comienzan a activarse
tus glándulas pineal y pituitaria,
y el cambio que de a poco empieza a darse,
¡muta tu vida en forma extraordinaria!

Contactas Energías Superiores,
y al rozar esas Fuentes Elevadas,
metafóricamente “llueven flores”
que aroman bellamente tus jornadas.

Y entonces no precisas ya más nada:
disfrutas de un manjar o de un pan viejo,
y hasta a la menudencia más nonada
la conviertes en íntimo festejo.

Gozas charlando con un inmaduro,
con un letrado o con un limosnero,
¡y en cada hermano sientes un Ser Puro,
y ante él te quitas tu espiritual sombrero!

Por eso te sugiero, camarada,
(si es que el agobio nubla tu visión),
¿qué tal si engrandecieras tu jornada,
intentando elevar tu vibración?