Siéntate en silencio, y empieza a observar
cada pensamiento que a tu mente aflora:
mira cómo emergen…, y velos pasar,
estando “presente” en tu aquí y ahora.

Más si al poco tiempo tu paz se retira
pues tu mente vuelve a su ronronear,
retorna allí mismo a ser “el que mira”,
de nuevo entregado sólo a contemplar.

Y si acaso algo torna a interrumpirte,
dejando tu intento mal herido y rengo
vuelve a tu silencio y empieza a decirte:
“es este momento todo lo que tengo”.

Cuando ya retomas tu calma interior,
si ves que de a poco tal paz se resiste,
revive allí entonces tu frase anterior:
“es este momento todo lo que existe”.

Y si procurases imitar a pleno
la autodisciplina de un buen samurai,
refuerza tu mantra diciendo sereno:
“es este momento todo lo que hay”.

Notarás entonces en pocos instantes
que se hace sencillo retomar la calma,
pues sale en tu auxilio El Gran Ayudante:
¡nada más ni menos que tu propia Alma!

Luego, cuando vuelvas de ese “entrenamiento”,
lo hallarás más dulce al “aquí y ahora”,
y así, disfrutando del Puro Momento,
verás que lo causa la Luz que en ti aflora.

Y si eres constante te irás percatando
que eres TÚ quien manda por fin en tu mente,
con esa Herramienta que ahora estás usando:
tu Pura Intención…, eso…, simplemente…

Y así al transmutarlos a aquellos estados
que te contagiaban su vibración lenta,
estarás dichoso de haber encontrado…
¡la más fascinante de tus herramientas!