Seguramente alguna vez te ha sucedido sentir que el mundo “se te cae encima”: conflictos de pareja…, un hijo confundido, problemas de trabajo…, cuestiones de auto estima...
No le encuentras sentido a la vida que llevas, casi como cayendo en un pozo de lodo, y estás tan agotado de pasar por mil pruebas, que allí, súbitamente… ¡mandas al diablo todo!
Te sueltas de repente, te aflojas, te liberas de “las cosas del mundo” y de su calabozo, y así, súbitamente, lo dejas todo “afuera”, “te sales del planeta”…, ¡y estás lleno de gozo!
Y es como si flotaras en ese magno instante: el tiempo se suspende…, solo existe “el ahora”, y sientes dentro tuyo “algo” tan fascinante que es como si habitaras en donde el Alma mora.
Pero dura muy poco esa experiencia arcana: la magia se te esfuma, lo etéreo se va al piso, y una pregunta triste entra por la ventana: “¿en dónde se ha quedado mi “mini paraíso”?
¡Pero “El” no se ha marchado!, sigue estando contigo, expandiendo su hechizo sin inicio o final, en ese hueco breve en que te dio su abrigo, ¡y en el que nada, nada… puede causarte un mal!
¿Y sabes, camarada? ¡Tú puedes invitarlos a esos “lapsos sagrados”, cada hora del día!: sólo se necesita de “tu intención de anclarlos”, para que ellos se vuelvan tu mejor compañía.
Si abrazas cada “ahora” una vez y otra vez, la magia de ese soplo ya nunca más se trunca, y hagas lo que hagas, y estés con quien estés, el “continuo presente”…¡ya no te deja nunca!
Y es que cuando tu asumes que “el mundo” está en tu mente, desaparece el “antes”, y se marcha el “después”: la percepción se ensancha inexplicablemente, ¡y tú te vuelves Uno con “Todo Lo Que Es”!
Y te das cuenta entonces que tal encantamiento sin ninguna alharaca ¡te acompaña el día entero!: te inunda por completo la magia del momento, y cada instante se hace tu mejor compañero.
Y es que cuando lo breve da paso a Lo Infinito, la Vida allí se expande sin inicio o final, y en ese “ahora” supremo, tan dulce, tan bendito, ¡ya nada de este plano puede causarte un mal!
Porque el “sentirte inerme”, ¡era una cárcel falsa!, pero cuando derribas de golpe esa prisión, percibes de repente que “otro traje” te calza, ¡el de volverte El Mago de tu Propia Ilusión!
¡Y abrazas cada instante con la total certeza de percibirte eterno… a la vez que fugaz!, y junto con la magia del “Goce Que No Cesa”, te envuelve dulcemente… ¡la más bendita paz!
Te invito a que te dejes mecer suavemente en las hamacas de estas rimas…, como cuando eras niño o niña…, y que por unos instantes, tu mirada vuelva a ser inocente y diáfana como en aquél entonces…, y que sientas otra vez la pureza de Lo Infinito en tu corazón…