Si acaso te preguntas, compañero:
“¿¡para qué estoy aquí…, para qué existo…!?”,
pues déjame decirte que estás listo
para poner delante “Lo Primero”.
Tú no has aterrizado en el planeta para irte interrogando “¿ahora qué hago?”: ¡tú estás aquí para volverte un Mago que saca a relucir su mejor veta!
Y es que vienes, amigo, bien provisto:
¡han sido tantas tus encarnaciones,
que en tu mochila traes bendiciones
y un bagaje de Luz como no has visto!
No pierdas más tu tiempo, camarada, llenándote de dudas la cabeza: ahora ya mismo, en este instante empieza a irradiarla a esa Luz cada jornada.
“¿Qué cómo identificas, en tu acción, lo mejor para dar, lo pertinente?” ¡Esas son sólo dudas de la mente: tú déjate llevar por tu Intuición!
Ella sabe muy bien lo que hay delante,
¡porque ve más de lo que ven tus ojos!
y puede andar abriendo tus cerrojos,
porque tiene, además, un ayudante:
¡tu corazón…!, que sabe el “cómo y cuándo”, y el modo de evitar cualquier fracaso, y al permitir que ambos guíen tus pasos, ¡será precioso lo que irás sembrando!
Y cuando tu cosecha no sea espuma,
sino una Pura Luz en tu sendero,
sentirás que en tus días no hay más “peros”,
y el “¿ahora, que hago?”…, ¡se te esfuma!
Cada acto en tu vida será noble
porque estará teñido de bondad,
y sabrás al instante, de verdad,
que lo que al otro das… ¡te vuelve el doble!
Y entonces, al sentirte así provisto de Sentido, Inocencia, Amor y Paz, no habrás de preguntarte nunca más “¿para qué estoy aquí…, para qué existo?”
