Cuando con alguien estés ofuscado,
pregúntate: “¡¿esto a mí me hace bien,
cuando sé que la ira y el enfado
traban las vías de mi propio tren?!”

Y es que el rencor es energía tabú
que empaña la grandeza que hay en ti,
y el que se perjudica… ¡eres tú,
pues así nublas tu paso por aquí!

Porque tal resquemor, ¡a ti te daña!:
el otro hasta quizás nunca se entere
mientras escala su propia montaña
de sinsabores y de mil quehaceres.

Pero esa rabia que surge en tu orilla
por el mal trato en tus alrededores,
¡es a ti a quien saca de tus casillas
como tormenta que sepulta flores!

¡Perdónalo a quien fuese desatento:
utiliza tu cuota de grandeza,
y has a un costado que en algún momento
los humos se hallan ido a su cabeza!

¡Envuélvelo con altas energías,
irrádiale dulzura y compasión,
que tú conoces cómo día tras día
hacerlas aflorar del corazón!

Y si no lo haces por la otra persona,
¡hazlo entonces al menos por ti mismo,
si ya bien sabes que lo que te apasiona
es andar irradiando optimismo!

Y este mundo será más disfrutable,
y tu alegría le impondrá su impronta,
y el amor será entonces, perdurable,
¡gracias a ti…, y a tu actitud tan honda!

Y sentirás allí una paz bella
que te satura de divina calma,
mientras desciende un rocío de estrellas
entremezclado…¡con la Luz de tu Alma!