Si tus manos llenas
de Luz blanca y tibia,
lo enfermo que tocan
¡de pronto se alivia!,
la impronta que cargan
¡es Luz Sanadora!:
en donde las posas,
¡la salud mejora!

La Pura Energía
que en tus palmas brilla,
prende, en los postrados,
“otra lamparilla”.

Y así ellos disfrutan
de tu intervención,
¡al ver cómo sanan
con tu vibración!

Dicen los doctores:
“¡es inentendible:
desde nuestra ciencia
resulta imposible!”

“Hemos consultado
grandes eminencias,
y no hay quién atine
a una referencia,
pues ante el estado
de propagación,
¡ninguno comprende
esta reversión!”

Pero aunque es palpable
la cura en proceso,
¡no eres tú y tus manos
quienes logran eso!

No te asignes dones
que no corresponden,
ni dejes que vanos
orgullos te ronden,
pues tú sólo actúas
como un portavoz,
apenas conducto…
¡de un Beso de Dios!